Ira Satisfecha

mtsinai

A estas alturas en Romanos 4, Pablo nos ha dejado totalmente convencidos de que el camino a Dios no es a través de la Ley de Moisés – Los Diez Mandamientos – La Ley del “merito y el esfuerzo humano”, sino por Gracia a través de la fe en Jesucristo, lo cual lejos de ser una religión, es un “regreso a Casa” al lado de nuestro Padre, restaurados a nuestro diseño original –   “circuncidados” de Corazón al recibir ese Amor que nos causará nacer de Su Espíritu como Hijos de su Reino,  para poder vivir su Vida unidos a El, como en un principio, sin que hayamos hecho nada por Dios o por la humanidad  para merecerlo.  Fuera de ese diseño todo será  una barata imitación.

Porque la promesa a Abraham o a su descendencia de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la Ley, sino por medio de la justicia de la fe. Porque si los que son de la Ley son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa.  Porque la Ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión.  Rom. 4:13-15

¿Por qué dice Pablo que la Ley produce ira?  Porque la Ley es la fuerza del pecado, y la paga del pecado es muerte.   ( 1 Cor. 15:56), porque  por la Ley no podemos agradar a Dios, aunque tratemos.    Lo vimos en el Monte Sinaí, antes de que la Ley fuera dada,  Dios le toleró a su Pueblo todas sus necedades, sus reclamos, sus quejas y desconfianza. Dios no esperaba nada de los hombres ¿Que fruto podría El esperar de un árbol caído? Dios sólo buscaba que se dejaran llevar por Su Gracia;  mas el hombre no se sentía “caído” y dijo: “Todo lo que nos mandes, eso haremos”, (Exodo 19:1-8) ;

Basado en lo anterior, el corazón del hombre tuvo que ser “probado” quiere decir, Dios le dio la Ley y dejó que el hombre exhibiera su propia injusticia delante de sí mismo.  Bajo la Ley, la ira de Dios de inmediato se dejó ver en el Monte Sinaí cuando Dios le dijo a su pueblo que tanto extrañaba Egipto: “no te acerques a mi”.(Ex. 19:12-13)

La Ley despertó esa ira, bajo la cual viven los hombres hasta nuestros días, por causa de aquellos que la traen a vivir junto a la Gracia o en su lugar.  Tristemente,  a la Novia de Cristo por quien  Cristo murió para agotar toda la santa ira y justa indignación de Dios, se le ha engañado, para que trate de apacentar la ira de Dios siguiendo  la Ley de Moisés.    La Ley nunca fue dada para cambiar al hombre o para salvarlo; al contrario,  la Ley de Moisés es solo un espejo que nos muestra nuestra fealdad.  Romper el espejo no nos librará de ella;  podremos disfrazarla delante de los demás,  podremos engañarnos a nosotros mismos,  mas al final del día, ésta siempre nos confronta.

Necesitaríamos otro espejo “Mágico”  que al contemplarnos en esa imagen, pudiéramos ser transformados.  Ese espejo es la Gloria de Jesús. Cuando entendemos que su camino en esta tierra fue llevar en si mismo toda nuestra fealdad para que al vernos reflejados en El pudieramos llevar su belleza, toda ira se va de nosotros.

 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.”  2 Cor. 3:18 RVA

En esto se perfecciona el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como El es, así somos también nosotros en este mundo.  1 Juan 4:17

Como lo leemos,  es POR SU ESPIRITU,  no por la Ley;  es confianza en el día del juicio – no temor, pues la ira de Dios ha quedado satisfecha.  Ya Pablo nos dijo para quien es la ira de Dios, para aquellos que restringen esta verdad (Rom. 1:18)

Quiero invitarte a ver este corto video donde el Pastor Joseph Prince comparte su tremenda revelación acerca de lo que sucedió en el espíritu durante la muerte del Señor Jesús en la cruz del Calvario, para que te des cuenta que es imposible que Dios nos impute mas pecado, o que siga airado contra sus redimidos.     Nos gozamos por los subtítulos en español. Si no aparece en tu pantalla, aquí te dejo el link:   http://youtu.be/U-_Ll1Vgq7E/

Si tu temes la ira de Dios,  El quiere hacer la Paz contigo hoy: ¡Recibe tu redención!

Shalom