¡Recibe tu Redención!

Si aún no has recibido tu redención mi amigo o amiga, Jesús toca a tu puerta en este momento

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. Apocalipsis 3:20

El ladrón solamente viene para robar, matar y destruir. Yo vine para que la gente tenga vida y la tenga en abundancia. Juan 10:10

Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. Mateo 11:28

Venid ahora, y razonemos –dice el SEÑOR– aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán. Isaías 1:18

pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo….. Perdonaré todas las maldades que han hecho en mi contra y no recordaré más sus pecados. Hebreos 8:12

Que si confiesas con tus labios que Jesús es el Señor, y si crees de corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, te salvarás. Porque cuando uno cree de corazón, Dios lo declara justo; y cuando confiesa su fe, se asegura la salvación Romanos 10:9-10

Recibe tu redención haciendo esta pequeña oración como un acto de fe.

“Señor Jesús, gracias por amarme y morir por mi en la cruz porque yo era un pecador. Tu sangre preciosa me purifica y limpia todos mis pecados. Tú eres mi Señor y mi Salvador, desde ahora y para siempre. Yo creo que tú te levantaste de los muertos como prueba de que mi sentencia fue totalmente pagada y que vives por siempre al lado de tu Padre . Es por tu trabajo consumado en la cruz que ahora puedo ser yo tu Hijo(a) amado(a). Gracias por darme vida nueva, desde ahora hasta que llegue a mi hogar eterno contigo en la casa que tu me preparas en el cielo”.

Si hiciste esta oración, tu nombre ha sido escrito en el libro de la vida!
Os aseguro esto: El que escucha mi mensaje y cree a Dios, que me envió, tiene vida eterna; y nunca caerá en condenación a causa de sus pecados, porque ha pasado de la muerte a la vida Juan 5:24

Tanto amó Dios al mundo, que no dudó en entregarle a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino tenga vida eterna. Juan 3:16

Sigue alimentándote del pan de vida, Jesús!

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