Convicción de Rectitud

Perdonados

 

Perdonados
Somos la rectitud de Dios en Cristo

Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes son verdaderamente libres. Juan 8:36

Si regresaste el día de hoy me imagino que es porque quieres salir de la confusión acerca de la confesión, para entrar en la convicción.

¿Cuál es el problema con la confesión  de pecados?  que la gente vive enfocada en su pecado y sus malas obras,  a pesar de que los pecados ya fueron juzgados y castigados en el cuerpo de Jesús,  y de que a Dios ya no lo agradamos por las obras de la ley,  sino por nuestra fe en la Sangre que nos salvó y nos limpió de todo pecado.

Veamos un ejemplo de confesión que Jesús nos dio:

Dos hombres fueron al templo a orar: uno de ellos era fariseo, y el otro era cobrador de impuestos. 

El Fariseo y el Publicano

Puesto de pie, el fariseo oraba consigo mismo de esta manera: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, injustos y adúlteros. ¡Ni siquiera soy como este cobrador de impuestos! Ayuno dos veces a la semana, y doy la décima parte de todo lo que gano.”  

Pero el cobrador de impuestos, desde lejos, no se atrevía siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “Dios mío, ten misericordia de mí, porque soy un pecador.”  Yo les digo que éste volvió a su casa justificado, y no el otro… . Lucas 18:10-14

El Viejo Pacto mantenía al hombre ocupado consigo mismo – dependiendo de su propia fuerza, por tanto su confesión requería que la gente reconociera ante Dios y ante si mismos que eran pecadores, no porque Dios no lo supiera, sino porque era el hombre el que creía tener rectitud propia y presumió de su habilidad de agradar a Dios por su esfuerzo.  Por ésto el fariseo, no pudo experimentar el arrepentimiento con su confesión, pues en su propia opinión ya era bastante bueno, mas el publicano efectivamente reconoció que no tenía rectitud propia de la cual presumir.

Pedro se confesó ante Jesús en una ocasión:  “Señor, apártate que soy pecador”,  (Lucas 5:8).  Aquí todavía era pecador, pues Jesús aún no había pagado por nuestros pecados. Más después de que resucitó, Jesucristo le apareció a  Pedro. En esa ocasión no hubo mención de la triple negación de Pedro,  no hubo confesión de pecados, ni exhortación a arrepentirse,  solo hubo triple reiteración de que Jesús aún amaba a Pedro y quería una relación con él: “apacienta mis ovejas”.  (Juan 21:15-17)  La única confesión que oímos de Pedro fue:

Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. (phileō).

Bajo el Nuevo Pacto, el enfoque cambia de nosotros mismos, hacia Cristo, porque bajo este Pacto, el hombre no tiene nada que hacer, solo creer.  (Juan 6:29; 1 Juan 3:23).  Dios es el que lleva a cabo todas las cláusulas del Nuevo Pacto escrito en Heb. 8:10-12, y con nuestros ojos fijos en  Cristo, creyendo, somos liberados y transformados y las obras del diablo en nosotros son destruidas.  Por esta razón el diablo siempre tratará de desviar  los ojos de la gente hacia todo lo que no sea Cristo, ya sea hacia si mismos y sus acciones,  hacia otros hombres o mujeres y sus acciones,  o hacia toda cosa celestial o terrestre, la naturaleza, el universo, la energía, para que  de esta manera sus obras  no puedan ser destruidas.

Por el contrario, si la gente deja de enfocarse en si mismos y su desempeño  y  sólo se enfoca  en cuan grande y maravilloso es Jesús, en cuanto nos amó y logró para nosotros,  en las riquezas de su gloria,  nosotros seríamos mayores que aquella primera iglesia, porque todo lo que Él es ha sido puesto en nuestra cuenta y como  Él es, así somos nosotros en este mundo. 1 Juan 4:17.

Ante Dios, ya no somos pecadores, pues Él nos ve como “Su Rectitud en Cristo”, (2 Cor 5:21) Él quiere que así nos veamos nosotros. Él no ve nuestras transgresiones,  Él ve la Sangre de Cristo cubriéndonos; por lo mismo, un recuento de nuestros pecados ante Él es una afirmación de que nuestros pecados permanecen, lo cual sugiere que el trabajo de Jesús no fue consumado, ni perfecto.

En las palabras de Joseph Prince, te traduzco:

“El Viejo Pacto fue cortado entre un Dios infalible y hombres falibles, por lo mismo el hombre era el eslabón débil, mas  el Nuevo Pacto fue cortado entre Dios Padre, infalible, inmutable, incorruptible y su Hijo Jesús, infalible, inmutable e incorruptible, en nuestra representación,  No hay manera de perder mientras mantengamos nuestra confianza en Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, no constituido conforme a la ley meramente humana, sino según el poder de una vida ¡indestructible!”  Hebreos 7:16

La confesión nunca fue un trabajo dado para salvación, pues creo que ya quedó bien  establecido que la salvación es un trabajo que solamente Jesucristo podía lograr.  En otras palabras, no es tu trabajo de confesión el que te limpia, o el que te da el perdón, sino el trabajo consumado de Jesús.

Mañana  conocerás algo que te ayudará a entender  1 Juan 1:9 en el contexto del Nuevo Pacto.

Shalom

 

Author: Kealili

A la edad de 18 años vi morir a mi esposo de 19. Con un bebe en mi vientre y sin saber como ganarme la vida, fue la primera vez que experimente la necesidad de un Dios en quien creer. Lo busque en la religión mas no lo encontré. Lo busque en el humanismo, en la intelectualidad, mas no lo hallé. Hasta que un día conocí al Dios de la Biblia, y me di cuenta de la diferencia entre una religión basada en mis obras imperfectas y esfuerzos limitados y una relación basada en su obra consumada y perfecta y su amor inagotable. Cuando ya estaba yo cansada de buscar, Él me encontró y me mostro su amor que hasta el día de hoy sigo tratando de comprender. Aunque este proceso quizá me lleve el resto de mi vida, vivo deleitándome en ese amor y mi anhelo es que por este sitio Él te pueda encontrar a ti también. Quizá al igual que yo, no sepas que Él te esta buscando. Quizá al igual que yo aun no sepas que no lo conoces realmente. Te invito a que lo descubras..