Mirando al Autor de la Fe

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Usando como referencia Lucas 11:11,  te exhorté en mi blog pasado a no “sentarte a la mesa”, (hablando espiritualmente),   de aquellos que sirven  una piedra cuando les pides un pan,  ésto aludiendo a aquellos  que sirven “la Ley de Moisés”  a la Iglesia de Cristo, después de que Cristo nos hizo morir a la Ley por medio de su propio cuerpo, para ser unidos a “Aquél que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.”  (Rom. 7:4)

Una vez más vemos que bajo la Ley no podremos dar fruto, pues aquellos que te sirven la Piedra, aún cuando te hablen acerca de la Gracia y de la Fe, no te permitirán ejercerla, pues tu fe no podrá florecer debido a que cuando se sirve “La Piedra”, el hombre aprende a mirar hacia dentro de sí mismo y a lo que puede hacer salir de si mismo por su propio esfuerzo,  desempeño, disciplina y fuerza de voluntad, por su propia habilidad, astucia, generosidad, o aun por sus propios mecanismos de defensa, lo cual es contrario a mirar hacia la Cruz, de donde todo nos es provisto gratuitamente cuando  nuestros ojos están fijados  en el Autor de la Fe, Jesús, para que al descansar en su Fe, nosotros podamos ser todo lo que Él es “Por Su Espíritu”,  (2 Cor. 3:18) por ello se llaman “Frutos del Espíritu”.

Al referirme a la Ley no sólo me refiero a los Diez Mandamientos,  o a las 613 Leyes del Torah,  sino a esa ley que Pablo dijo que los humanos llevamos por instinto o por naturaleza (Rom. 2:14- 15)  desde el día en que Adán y Eva comieron del “Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal”.   Llega el día en que todos los humanos que sobreviven más allá de su infancia llegan a obtener este conocimiento.  En ese momento,  las obras de la Ley se manifiestan, a las cuales  Pablo se refirió como: “las obras de  la carne” (Gal. 3:1-5)  y en Gal. 5:19-21 las enlista.

Por tanto, ¿Cómo podremos saber si lo que se nos sirve cuando pedimos pan es la piedra, si el lingo y el cliché suena angelical y sublime,  y aún tiene apariencia de piedad? Una amiga mía preguntó en uno de estos lugares: ¿En esta iglesia se predica la Gracia o la Ley?  Y le dijeron:  “Las Dos!”   Mi amiga por tanto huyó, pues Pablo llamó a esta mezcla  “El Ministerio de Muerte”.

Si no has leído mi sección “La Verdad que Hace  Libre”  que encontrarás en el Mapa de Sitio, este es el momento de hacerlo mi amigo(a) para que no caigas en confusión.   Será cuando hayas sido cimentado en la Gracia cuando puedas comprender exactamente lo que es la Ley; en ese momento sabrás con certeza cuando alguien se haya desviado de la verdad, pues tu Espíritu te dará la señal de alerta.

Aun la Gracia puede enseñarse en forma de “legalismo”  cuando el enfoque eres tu y lo que tu phariseofeocarne produce y no la Cruz de Jesús.  Todo aquello que venga en forma de legalismo, condenación o demanda es la Ley:     Lo que debes o no debes hacer.  Lo que Jesús espera de ti y no lo que tu puedes encontrar en Jesús:    Que seas recto, honesto, íntegro, fiel, generoso, leal, perfecto.  Aún el mundo demanda lo mismo de sus líderes y aun de sus celebridades de la farándula.

Por ejemplo:  alguien te enseñará acerca del amor, del temor, o del pecado y el amor al mundo,   aun acerca de la fe,  y te demandarán que tengas amor por los demás, que dejes de temer, que no peques y que no ames las cosas del mundo,  pero  si no te dejan oir del Gran Amor de Jesús por ti escrito para ti como una Carta de Amor, si no te predican al Jesús crucificado o resucitado, si no te hablan de todo lo que Jesús llevó sobre sí mismo para que tú no lo llevaras,  no podrás recibir el poder para cumplir esas demandas.

Solo al oir de su Perfecto Amor se ese echa fuera el temor, o  se produce la fe; sólo al escuchar de Su perdón  y no condenación y al reciirlo podemos perdonar,  y  dejar de pecar, pues toda falta de virtud es síntoma de que se nos ha olvidado que hemos sido perdonados, (2 Pedro 1:5-9) y  todo amor al mundo es síntoma de que no hemos recibido o comprendido el  Amor del Padre (1 Juan 2:15)

Sólo el Evangelio de Gracia que habla de ese  Perfecto Amor, echará fuera todo temor, pecado, enfermedad, maldición, y hará morir toda obra de la Carne,  cuando el fruto de rectitud comienza a brotar Por Su Espíritu.  (Rom. 8:13)

Shalom