La Verdad que Hace Libre

Y conoceras la verdad y la verdad los hara libres.  Juan 8:32
Y conoceras la verdad y la verdad los hara libres. Juan 8:32

Recuerdo la primera vez que escuche el evangelio de Gracia de nuestro Señor Jesucristo, la madrugada del 25 de noviembre de 2010.  Lo recuerdo bien porque era el  jueves de Acción de Gracias.  Pudiendo tener la oportunidad de reponer mis horas de desvelo durante ese fin de semana largo, desperté a la una de la mañana, sin poder conciliar más el sueño.

Esa noche deje mi cama para arrodillarme ante mi Señor con desesperación y lágrimas, rogando por su intervención para la solución de ese problema que había comenzado mas de un año atrás, el cual los suplementos naturales y aún los somníferos no podían solucionar más. Habiendo descargado mi ansiedad delante de Dios, prendí el televisor buscando algo que me hiciera dormir.  En ese momento recordé que había estado grabando el programa Destinados Para Reinar de Joseph Prince durante más de dos  meses para verlo “cuando tuviera tiempo” y al parecer no tendría yo que esperar más.

Sin saber que mi vida estaba a punto de cambiar, comencé a ver cada transmisión de 30 min. En orden cronológico,  uno tras otro durante casi 5 horas,  sin poder creer lo que estaba escuchando.  Era demasiado bello para ser cierto. Un sentimiento indescriptible de amor,  gozo y paz que no había conocido antes  me invadió, haciéndome sentir que aquello que estaba roto en mi había sido  reparado esa noche  y haciéndome saber en mi corazón que aquello que me había estado robando mi sueño se había ido.

Esa mañana, con una sonrisa apagué el televisor y pude dormir intensamente sin necesidad de somníferos por primera vez después de 18 meses, sintiéndome amada, perdonada,  limpia y restaurada.  La mitad de mi vida había buscado a Jesús, mas esa noche El me encontró a mi.

Horas después desperté fresca y renovada, y con una fuerte necesidad  de seguir escuchando  eso que me había devuelto el deseo de vivir,  lo cual solo puedo comparar con aquellos tiempos en mi niñez cuando despertaba con expectación para abrir mis regalos de los 3 Reyes Magos,  o aquellos tiempos de juventud y enamoramiento, cuando la noche me parecía larga para poder volver a saber acerca de mi amado.

Desde ese día, hasta el día de hoy no puedo dejar de escuchar ese hermoso sonido de Gracia y ese sentimiento de amor me sigue invadiendo.

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Recuerdo haber publicado mi encuentro con Jesucristo en Facebook, sin haber recibido ningún “Me gusta” de mis amigos, religiosos o no.  Al parecer yo era la única que no había escuchado el Evangelio de Gracia o no era tan importante.

Sin embargo, con el paso de los días me di cuenta que el Evangelio que me había abierto los ojos no era el mismo que yo había escuchado durante casi 3 décadas,  el que me decía que “yo rendiría cuentas ante Dios por mi rectitud el día del juicio”.    Fue cuando supe que toda mi vida había sido engañada, y que lejos de haber encontrado la verdad, había yo estado siguiendo un “Seudo-Evangelio”.   Fue algo similar a descubrir que el agua que comprabamos en una botella “esterilizada” salía por tubería de plomo.

Una sensación similar a la de aquellos personajes en historias de traiciones, en las cuales la persona de más confianza resulta ser el que encabeza la conspiración; aquellas historias de redes siniestras tejidas alrededor de ciertos incautos, cuya credibilidad es dudosa ante todos los testigos,  quienes desde luego forman parte de la misma red,  sería la manera más cercana de describir lo que estaba yo descubriendo. La Biblia nos dice que en los últimos días habría engañadores,

Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; Mat 24:11

Muchos de nosotros hemos sido tan cuidadosos de evitar este tipo de maestros,  que nuestra idea preconcebida de lo que un falso profeta es nos ha cegado y hecho blanco de los mismos, de la misma manera en que un conejito es cegado con una linterna antes del disparo que lo convertirá en cena. Muchos creen que estos  falsos maestros con espíritu anticristo son aquellos que no toleranMP900321195 oír el nombre de Jesús, o su deidad, o que no toleran la mención de su Sangre.

Aunque éstas son señales válidas,  me temo que el engaño ha sido mucho más sutil, pues nadie desconfía de aquellos con apariencia de piedad que predican a otro Jesús, sin poder o efectividad;  o de aquellos que niegan  el poder limpiador de la Cruz, el poder  perfeccionador de la Sangre de Jesús, o aquellos que niegan su infinita Gracia.  (2 Tim 3:1-7)

Y que de aquellos que continúan creando consciencia de pecado en los oyentes como si la muerte por el pecado no hubiera ocurrido.  Aquellos que continúan representando a un Dios de ira e indignación, como si ésta nunca hubiera quedado satisfecha. Aquellos que siguen enfocando los ojos de los oyentes en su propia rectitud y justicia, como si ésta pudiera cubrirlos,  en lugar de aquella cubierta de Lino Fino adquirida como un Favor Inmerecido a través de un sacrificio que fue perfecto y consumado.  Aquellos que no entienden o no quieren dejar que la gente sepa  lo que significan las palabras de Dios mismo:

Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados. Isaías 43:25

Y que mejor manera de engañar que  usando la misma Palabra de Dios, el mismo lingo, la misma terminología formando una mezcla que remueve la eficacia de la Cruz y nos vacía de Cristo, dejándole sin efecto, aun cuando se le tenga al frente crucificado.

No habrá necesidad de mencionar los nombres de aquellos que son parte de esta conspiración contra la Gracia del Evangelio, aquellos que dicen: “El perdón de pecados no es tan simple”o  “el camino no es tan fácil”.   Las lecciones siguientes te enseñarán a reconocerlos y te ayudarán a despojarte de sus enseñanzas, pues la Palabra de Dios que escudriñaremos nos conducirá por una “Carretera de Santidad por la cual  aún los insensatos no yerran”  (Isaías 35:8).

Shalom

Author: Kealili

A la edad de 18 años vi morir a mi esposo de 19. Con un bebe en mi vientre y sin saber como ganarme la vida, fue la primera vez que experimente la necesidad de un Dios en quien creer. Lo busque en la religión mas no lo encontré. Lo busque en el humanismo, en la intelectualidad, mas no lo hallé. Hasta que un día conocí al Dios de la Biblia, y me di cuenta de la diferencia entre una religión basada en mis obras imperfectas y esfuerzos limitados y una relación basada en su obra consumada y perfecta y su amor inagotable. Cuando ya estaba yo cansada de buscar, Él me encontró y me mostro su amor que hasta el día de hoy sigo tratando de comprender. Aunque este proceso quizá me lleve el resto de mi vida, vivo deleitándome en ese amor y mi anhelo es que por este sitio Él te pueda encontrar a ti también. Quizá al igual que yo, no sepas que Él te esta buscando. Quizá al igual que yo aun no sepas que no lo conoces realmente. Te invito a que lo descubras..