La Biblia – Retratos de Jesús

Jesus is the Lord

Es necesario que entendamos que la Biblia no es solo una colección de hechos históricos o heroicos, o hechos a imitar. La Biblia es en términos modernos, el Álbum digital de Jesús. Cada hecho, cada acción se refiere a Jesús, su figura central. Por lo mismo es necesario que al leer cada pasaje de la Biblia tengamos esa revelación personal de Jesús, y de su trabajo consumado, no solo para que lo conozcamos como el Dios que de tal manera amo al mundo, sino como el Dios que de tal manera nos amó a nosotros, a ti y a mí.

La promesa en 2 Cor. 3:18 a la cabeza de esta página, nos dice por qué es tan importante que lo veamos en la escritura, porque al contemplarle, como en un espejo, somos transformados en su  imagen por el Espíritu de Dios.  No habla de una modificación del comportamiento por fuerza de voluntad o auto control, sino de transformación interna que tarde o temprano se reflejará en nuestro exterior.

Cuando Jesucristo se reveló ante los caminantes de Emaús, después de haber resucitado, no lo hizo inmediatamente en cuanto se les acercó, sino  hasta  después de haber expandido acerca de sí mismo en las escrituras  durante aproximadamente 7 millas – casi 12 kilómetros.  

 Y, empezando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó cada uno de los pasajes de las Escrituras que se referían a él mismo.  Cuando llegaron a la aldea adonde se dirigían, Jesús hizo ademán de seguir adelante.  Pero ellos le dijeron, insistiendo mucho:  — Quédate con nosotros, porque atardece ya y la noche se echa encima. Él entró y se quedó con ellos.  Luego, cuando se sentaron juntos a la mesa, Jesús tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio.  En aquel momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista. Entonces se dijeron el uno al otro:

— ¿No nos ardía ya el corazón cuando conversábamos con él por el camino y nos explicaba las Escrituras?

(Lucas 24:13-35)

El efecto de haber visto a Jesús a través de las escrituras fue tal,  que esa misma noche, lejos de descansar de varias horas de camino, tuvieron fuerza para regresar inmediatamente a Jerusalén a decirles a los otros once: ¡Jesús vive!

Este será el efecto que el mismo Jesucristo cause en ti cuando sientas ese ardor en tu corazón al verle en las escrituras.   Jesús pudo haberles abierto sus ojos desde el principio, sin embargo,   de esta manera ellos no  dependieron de lo que sus ojos físicos vieran para creer, sino que lo vieron con los ojos de la fe a través de la escritura, teniendo así ninguna ventaja sobre nosotros. 

El fruto del espíritu no brotará mientras no vemos a Jesús en la escritura.  Hemos sido enseñados que nuestra obediencia traerá nuestra transformación, más  fue la obediencia de Cristo y no la nuestra la que nos acercó a Dios, y al  contemplarle en su obediencia hará surgir su obediencia en nosotros, como un fruto y no como fuerza de voluntad o esfuerzo propio.

Entendamos un poco más como encontrar a Jesús en la Sagrada Escritura.  Ya hablamos anteriormente que en el Viejo Testamento, su imagen se encuentra escondida en los relatos de los antiguos, en las historias, en los nombres de los lugares, de las personas, y aun en las vidas de algunos de ellos como la de José de Egipto.

En cuanto al Nuevo Testamento, la persona de Jesús nos fue revelada en los 4 Evangelios, como Jesús el Hombre, el Siervo, El Rey y Dios encarnado y en las cartas de los Apóstoles, como  el Mesías, el Jesús glorificado, Jesucristo – Jesús Resucitado,  Dios eterno, Príncipe de Paz.

Si algún día notaste que los 4 evangelios manejan los relatos de manera diferente, esto se debe a que Los 4 evangelios hablan de 4 facetas diferentes de Jesús:

El Libro de Mateo revela a Jesús como Rey. Esto lo sabemos al ver su genealogía en el primer capítulo, la cual se remonta a la promesa de parentesco a través de Abraham y no de  Adán.

El Evangelio de Marcos presenta a Jesús como siervo, por lo que no hay linaje mencionado en Marcos, porque la genealogía de los siervos no es relevante.

En el Evangelio de San Lucas vemos que  su genealogía  se extiende hasta Adán, porque en ese Evangelio, Jesús es revelado como Jesús – El Hombre.  En este evangelio encontramos a Jesús dependiendo de su Padre hasta la Cruz: “Padre, perdónalos”, “Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu”

Mas  el Evangelio de Juan comienza: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios….Él era en el principio con Dios y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”.  El Dios eterno no puede tener genealogía, ni madre, ni padre, pues no tiene principio ni fin.  Por lo mismo solo en este evangelio oímos a Jesús gritar en la Cruz “¡Consumado Es!”  declaración  que Dios hace con toda dignidad y poder de que nuestra deuda quedó pagada en su totalidad, declarada por  el mismo Dios que descendió y ascendió al lugar altísimo, como una águila majestuosa.

Lo mas maravilloso de estos cuatro evangelios es que cada uno de ellos refleja una de las criaturas vistas por Ezequiel en su revelación de Dios (Ez. 1:5-6), y por el Apóstol Juan en su visión en la Isla de Patmos, refiriéndose a Jesús (Apocalipsis. 4:6-7).

Retratos de Jesús
Las 4 Criaturas – Los 4 Evangelios

Los ojos en las 4 criaturas de Apocalipsis 4 nos hablan de la omnipresencia de nuestro Dios, glorificado en la persona de Jesucristo.

Estas criaturas  nos explican por qué 4 evangelios, curiosamente detallados en el mismo orden de aparición que los relatos de tales visiones por Ezequiel y Juan,  hombres que nada  tuvieron que ver con el contenido o  el orden en que los Evangelios serían colocados en nuestra Biblia.

“en la boca de 2 o 3 testigos sea mi palabra establecida”  2 Cor. 13:1

Algo igual de maravilloso es que estos cuatro evangelios están representados en el Tabernáculo de Moisés y en las vestiduras del sumo sacerdote:

El Evangelio de Mateo, en el color Púrpura de su realeza,  Jesús el Rey;

El Evangelio de Marcos, en el color Escarlata,  el color del sacrificio,  de la servitud,  Jesús el Siervo;

El Evangelio de Juán, en el color Azul,   el color del cielo, el color del reino celestial de donde Dios descendió   y volvió a ascender como un águila majestuosa;

el Evangelio de San Lucas, está representado como el Lino Fino  –  Jesús, el Hombre Perfecto y sin Mancha,   quien vino a darnos su rectitud a cambio de nuestra humanidad pecaminosa e imperfecta; quien colgó en el madero nuestros trapos de inmundicia para poder cubrirnos con Su vestidura de Lino Fino, con las cuales hoy podemos presentarnos ante su Padre.

La II carta de Pedro, en el capítulo 1 dice:

Que la gracia y la paz les sea multiplicada por medio del conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.

Su Gracia – su favor inmerecido y  Su paz – su Shalom – palabra que significa bienestar total y absoluto, incluyendo salud, prosperidad, felicidad y gozo, tranquilidad, paz que sobrepasan todo entendimiento, te serán multiplicados conforme tu conocimiento de Jesús aumente,  no un conocimiento intelectual, sino aquel que surge del corazón de un hijo a su Padre.

¡Que su Gracia y su Paz se te multipliquen!

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