Mesa del Escriba - tomada en el Museo de Qumran.
En una mesa como esta los escribas escribían las Escrituras. Ellos fueron hombres escogidos por el Espiritu Santo para  preservar su contenido con integridad y sin alteraciones. Cuando alguno se equivocaba, aun en alguna insignificancia, el pergamino debía ser desechado, y comenzado desde el principio. 

 

La Escritura era conocida como los Oráculos de Dios. Esta palabra en hebreo es dabar, que significa ‘palabra’. Su contenido profetizaba cómo Dios restauraría a la humanidad para sí mismo por medio de su enviado, Jesucristo, quien encarnaría como uno de nosotros para finalmente fusionarnos con la divinidad  en unión indivisible y eterna: !Dios con nosotros!

Hoy la Escritura no es más el Oráculo de Dios,  pues este oráculo se ha cumplido en su totalidad. El Evangelio de Juan anunció que la Palabra de Dios (traducido como El Verbo), se hizo carne y habitó con nosotros, y hoy habita en nosotros por medio de Su Espíritu, el mismo Espíritu que la inspiró.

De hecho, los escritos del Nuevo Testamento documentaron cómo esta Escritura se cumplió al pie de la letra, lo cual era el canon para saber si efectivamente Dios había hablado.  Sus escritores dejaron escritas las palabras que Jesús habló, citando cada profecía que lo anunciaba a él y finalmente revelándose en ellas. Esto es difícil de identificar debido a que las escrituras que ellos usaban no son las escrituras que tenemos hoy. Ellos, incluso Jesús, citaban a sus profetas de la Septuaginta, la cual dejó de usarse en el primer siglo después de Cristo, por manipulación farisea. Nuestras traducciones fueron hechas de la nueva escritura en hebreo, que no surgió hasta en el año 600 d. C. conocida como Textos Masoréticos.  En esta traducción, mucho de lo que Jesús leía fue eliminado, cambiado o modificado, por lo mismo,  el Evangelio que hoy tenemos es muy diferente al que se predicó durante el primer siglo, cuando se llamaba El Evangelio de Gracia.  

Incluso, antes de ello, cuando Constantino se convirtió al cristianismo y ordenó que todos se convirtieran, esta Escritura se tradujo al latín y en su latinización se diluyó mucho de su contenido original y también mucho se agregó. Por ejemplo, la penitencia no existía en la mente de Jesús ni de los apóstoles, ni muchos de los rituales que fueron agregados después.

Sin embargo, a pesar de ello, aun podemos usar la Escritura para anunciar que la guerra se ganó, y que ¡Jesús vive! y si logramos encontrar a Jesús en ellas, quizá su Espíritu nos haba veremos a nosotros mismos reflejados en Él.

Hoy nuestra escritura consiste en El Viejo Testamento Hebreo, conteniendo 39 libros o pergaminos, y el Nuevo Testamento con 27 escritos, en su mayoría en Griego, aunque Jesús hablaba hebreo arameo.    

Lo que nosotros conocemos como  Viejo Testamento, los judíos lo conocen como “Moisés y los Profetas.”    “Moisés” o “la Tora”, también conocido como  “El Pentateuco”, consiste de Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.  “Los Profetas” son todos los libros escritos por hombres que Dios levantó para hablar a su pueblo en representación de Él, pues en aquel tiempo los hombres comunes no podían reconocer la voz del Espíritu de Dios directamente. 

La diferencia entre la Biblia Católica y la protestante es que la Biblia Católica fue traducida del griego al latín.  La Biblia católica  incluye 11 libros adicionales, que aunque de valor histórico y cultural, no se consideran de inspiración divina, por lo que se conocen como “libros apócrifos”.

Cuando yo escribí este blog, hace más de doce años, yo veía la biblia como la Palabra infalible de Dios. Incluso temía omitir una coma o un punto para que mi nombre no fuera quitado del Libro de la Vida, como lo advierte Apocalipsis 22:18-19, o al menos así se tradujo. Sin embargo, al leer la Biblia en inglés, me di cuenta que lo que había leído en español no era exactamente lo mismo. Buscando en los idiomas originales encontré muchas inconsistencias. No sabía yo que había una agenda detrás de ello.

Mas qué felicidad cuando descubrí a la Palabra hecha carne, habitando en mi. Fue así como nació este blog, aunque en el mismo utilicé la versión que más se asemejaba a lo que se escribió originalmente. Un par de años después descubrí la Biblia El Espejo, que es el único texto en nuestros días que se ha basado en los escritos originales. De hecho, en el comentario de Apocalipsis 22:18-19, de esta versión se escribió lo siguiente:


“Jesús es el lenguaje de Dios y Su mensaje a la humanidad. Él es el contexto de la Escritura. Añadir algo a su obra consumada en revelar y redimir la imagen de Dios en forma humana, o quitar algo de lo que Dios nos habló en Él, es apartarse de la esencia del Evangelio”. El Espejo. Francois Du Toit.

De ello hablo en mi libro “Lente de Gracia”, el cual será publicado próximamente en su 2a. edición. Al final de este, en la sección de Jesús y el Judaísmo, descubrirás el propósito de tal agenda.

Lo importante para ti es que sepas filtrar lo que leas a través del lente de Gracia por el que Jesús ve y que recuerdes que todo lo que antes era una promesa hoy es una realidad que apunta a ti.

La Biblia nunca fue un libro legal ni judicial. Es la historia de cómo lo que los antiguos anhelaban es hoy tu herencia.

Como interpretar la Biblia?