El Poder de Su Sangre – ¡Tu Descanso!

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La Bendición de Dios
Entonces me di cuenta de que no hay nada mejor para la gente que ser feliz con su trabajo. ¡Para eso estamos en este mundo!…. Eclesiastes 3:13

Vimos como la bendición de Abraham tiene todo que ver con nuestra prosperidad y habilidad de proveer para nuestra familia, entre otras cosas.

Existe otra maldición de la que Cristo nos redimió también, la cual fue dada mucho antes de Deuteronomio 28,  en el Jardín del Edén, cuando Dios le dijo Adán y Eva:

 Con trabajo (dolor) comerás de la tierra todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, (Gen3:17-19)

Muchos creen que la maldición fue “El Trabajo”, mas  éste era parte de la bendición que tenían.  Dios le dio trabajo a Adán mucho antes de que él pecara.  Lo puso a cuidar el Jardín,  a señorear sobre  la tierra y  sus bestias, a nombrar los animales.  Incluso le  dio una “Ayuda Idónea”  puesto que había trabajo que hacer.

Sin embargo, en el momento en que Dios maldijo la tierra por causa de Adán,  el trabajo se volvió dolor y aflicción de espíritu.  Espinos y cardos en la tierra ahogarían la buena semilla, haciendo el trabajo difícil y dolororoso al querer removerlos.

Si tu disfrutas de un trabajo sin aflicción y tú, o muchos otros obtienen gran bendición del mismo, quizá sea que tú ya estás disfrutando de la bendición de Abraham, más muchos otros viven bajo la maldición.

Aun hoy cuando la ardua labor ha sido relativamente aliviada con alta tecnología y con leyes del trabajo,  la presión que ejercen las altas metas de producción  de las empresas y  de la competencia  en un mercado internacional,  producen un nivel de estrés dañino sobre sus trabajadores, quienes laboran arduamente durante largas horas, sin que puedan satisfacer sus necesidades o carencias, a pesar de su buen desempeño, produciendo una doble tensión.

Aun entre las clases privilegiadas, el costo de su seguridad y de mantener sus posiciones y alto nivel de vida, está llevando a muchos a la muerte prematura.  No hablemos de aquellos que trabajan para mercados negros, donde la opresión esclavizante del diablo es evidente, quienes viven bajo el poder de las  tinieblas y de la muerte, hasta que ésta les cobra con su propia vida o la de sus familias.

Existen muchas terapias para reducir el estrés, mas solo la Sangre de Cristo te redime de la maldición que te lo ocasiona.   Cualquiera que sea el trabajo que tu realizas, debes saber que el trabajo arduo no te redime, ni te justifica ante Dios, más Cristo redimió tu tierra de esa maldición, así como te redimió a ti de “ganar el pan con sudor” – del esfuerzo humano que produce dolor, ya sea en forma de estrés, depresión, angustia, temor, ansiedad, etc.

Además de la sangre que Jesús derramó en el Jardín de Getsemaní, que al escurrir de su frente y tocar la tierra rompió esa maldición en tu tierra,

Los soldados armaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza…  Juan 19:2fire

Fue un acto cruel y despiadado; se dice que estas espinas eran aproximadamente 3 pulgadas de largo. Mas el diablo no sabía lo que hacía cuando movió a esos soldados a torturar así a nuestro Jesús.  Las espinas eran un símbolo de la maldición de la pobreza y la dureza de la tierra.

En la cruz, al usar la corona de espinas en tu lugar, Jesús llevó sobre su cabeza la maldición que estaba sobre la tuya, sufriendo el doloroso aguijón de cada una de tus frustraciones, pérdidas, y heridas emocionales. Con su sangre te redimió de tal maldición y te dio tu libertad para trabajar  sin dolor y producir abundancia.     Tu paz mental te ha sido restaurada, remplazando el estrés, temor y  ansiedad de  tener que depender de tu propio esfuerzo para  salir adelante en la vida y proveer suficientemente para ti  y tu familia.

Te es permitido sudar mi lector, si te agrada hacer ejercicio, si quieres quemar calorías, o fortalecer tu cuerpo, o si el clima te lo ocasiona. Más no caigas en confusión cuando alguien te diga que “La vida cristiana está llena de cardos y espinos”.  No para el que vive  en su Gracia.   Estas voces están negando el trabajo perfecto y consumado de Jesús en la cruz.  Sería una contradicción  y “Riesgo de Doble Juicio” si Cristo nos pusiera en el mismo camino del que él nos redimió, a menos que por preferir tu propio esfuerzo te cayeras de su Gracia, (Gal. 5:4) o la rechazaras.

Vivir en su Gracia es vivir una vida de descanso en Jesús.  Él dijo que ¡Él nos haría descansar! (Mat.11:28)  No te invito a ejercitar la pereza,  te invito a trabajar con gozo entrando en su descanso. Confiando en Él, su espíritu nos dirige de manera que  aún trabajando ardua y dedicadamente,  nuestro esfuerzo es multiplicado sobrenaturalmente y la opresión no ejerce dominio sobre nosotros.

Fluyendo con su Espíritu, El nos dará ideas creativas, mejor habilidad,  mayor productividad. Ahora tu tierra producirá fruto abundante, pues tienes un Padre que te bendice, que te promueve,  que te incrementa.  El llevó la corona de espinas para coronarte con sus bendiciones. Su sangre gritaba; “No más pobreza, no más angustia,  no más depresión,   no más cardos y espinos en tu labor.”

Tu Buen Pastor aderezará mesas delante de ti, en presencia de tus angustiadores. (Salmo 23:5)  Aquellos que te oprimían les será quitado el poder para hacerlo, como sucedió con

Principe de Egipto
El Sueño de José

José de Egipto,  quien trabajó 13 años como esclavo, antes de que Dios lo exaltara.  Su Dios habló por El, su Dios le dio excelencia y buena voluntad, lealtad para sus empleadores y sabiduría, así como paciencia.  Su recompensa fue espiritual, al poder bendecir a sus hermanos sin rencor y ver a su padre bendecir a sus dos hijos; pero también fue material, al haber sido exaltado por su Dios delante de sus opresores como la mano derecha de faraón, y como el salvador del mundo de aquel entonces. (Gen 37-50)

Tienes el derecho comprado con Su Sangre a disfrutar un trabajo sin estrés, y lleno del favor y la bendición de Dios.   ¡No sudes, ni te acongojes!  Espera ver la provisión de Dios en tu vida  en aumento y sin labor infructuosa, sin sangre, sudor y lágrimas. Recibe esa sangre salpicada sobre tu cabeza de la Corona de Espinas de Jesús y descansa en El.

“…Y es que no hay nada mejor que comer y beber y gozar, cada día de nuestra vida, del fruto del trabajo con que nos agobiamos bajo el sol. Ésa es la herencia que de Dios hemos recibido. A cada uno de nosotros Dios nos ha dado riquezas y bienes, y también nos ha dado el derecho de consumirlas. Tomar nuestra parte y disfrutar de nuestro trabajo es un don de Dios. Y como Dios nos llena de alegría el corazón, no nos preocupamos mucho por los días de nuestra vida.” Ec. 5:18-20

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Author: Kealili

A la edad de 18 años vi morir a mi esposo de 19. Con un bebe en mi vientre y sin saber como ganarme la vida, fue la primera vez que experimente la necesidad de un Dios en quien creer. Lo busque en la religión mas no lo encontré. Lo busque en el humanismo, en la intelectualidad, mas no lo hallé. Hasta que un día conocí al Dios de la Biblia, y me di cuenta de la diferencia entre una religión basada en mis obras imperfectas y esfuerzos limitados y una relación basada en su obra consumada y perfecta y su amor inagotable. Cuando ya estaba yo cansada de buscar, Él me encontró y me mostro su amor que hasta el día de hoy sigo tratando de comprender. Aunque este proceso quizá me lleve el resto de mi vida, vivo deleitándome en ese amor y mi anhelo es que por este sitio Él te pueda encontrar a ti también. Quizá al igual que yo, no sepas que Él te esta buscando. Quizá al igual que yo aun no sepas que no lo conoces realmente. Te invito a que lo descubras..