El Poder de su Sangre – ¡Nuestra Protección!

Santa Comunión en la Tumba en el Huerto, Jerusalén
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Santa Comunión en la Tumba en el Huerto, Jerusalén
Al cual Dios ha propuesto en propiciación por la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, atento a haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”. Rom 3:25

Hemos hablado ya que cuando Israel fue sacado de Egipto,  fue a través de la sangre del cordero inmolado de su primera pascua.   Esa sangre  en sus puertas fue su protección no solo del ángel de la muerte que arrasó las casas de los egipcios, (Exodo 12:13)  sino de caer en mano de sus enemigos, en mano de sus esclavizadores y opresores;  fue su protección en el desierto, protección de enfermedades, de animales salvajes o venenosos; la Biblia nos dice que no había uno solo débil o enfermo entre ellos (Salmo 105:37) y en 40 años en el desierto  ni aún sus ropas se desgastaron, ni su juventud, ni su fuerza,  (Josué 14:11).  (La Cruz)

La sangre de ese cordero también los hizo ricos de repente, pues salieron de Egipto con grandes riquezas donadas por los mismos egipcios, de su propia voluntad,  lo cual Dios permitió  como un acto de justicia por los años de esclavitud sin paga a los que los Israelíes fueron sometidos durante 400 años.  La sangre de ese cordero, que era sólo una sombra del verdadero, gritaba: Justicia, libertad, vida,  prosperidad,  protección,  provisión. Aquellos esclavos judíos de un día para otro se encontraron libres, ricos,  viviendo de la absoluta Gracia de Dios, mas su  mentalidad de esclavitud no los permitía verlo, por lo que pronto se cayeron de tal Gracia cuando presumieron de su propio esfuerzo dijeron: “Todo lo que nos digas lo haremos”.  (Caigámonos en su Gracia)

Cuando la Ley de Moisés fue dada, el derramamiento de sangre se convirtió en un mandamiento.   Moisés mismo pidió la gracia de Dios después de haber roto las tablas con los 10 Mandamientos cuando él mismo vio que el corazón del hombre no podría seguirlos,  (Éxodo 33:12) y  nuestro Dios de Gracia se la mostró escribiendo con su propio dedo los 10 Mandamientos en nuevas tablas y ordenándole a Moisés que las escondiera  dentro del “Arca de Justicia”, cubiertas por el Trono de Misericordia,  el cual una vez al año sería salpicado 7 veces con  la sangre del sacrificio por el Sumo Sacerdote.   Esta sangre de toros y cabras garantizaría su protección y  bendición sobre el pueblo de Israel y ocultaría de sus ojos la rebelión del hombre por todo un año.

Te invito a que te preguntes: ¿realmente era Dios quien necesitaba sangre para no acordarse de la rebelión del hombre,  o acaso sería el hombre el que necesitaba tal derramamiento de sangre para poder venir a Dios y sentirse digno de recibir de Él?  ¿Era realmente el pecado algo que necesitaba ser castigado,  o  acaso sería un virus mortal que necesitaba ser curado?  ¿Si tu hijo(a) fuera mordido(a) por un perro y la rabia le fuera transmitida, y su comportamiento fuera errático e incontrolable, te enojarías con Él y le darías la espalda hasta que muriera castigado por la enfermedad?

Por 1500 años el Pueblo de Israel vivió bajo esta mentalidad encerrada en el Viejo Pacto y la sangre de aquellos sacrificios determinaría su  sobrevivencia y victoria sobre sus enemigos.    Al leer su historia en los libros de los Reyes, en las Crónicas, o en los libros de los Profetas,  te darás cuenta que aún con sus muchos pecados o errores, mientras seguían ofreciendo el sacrificio, se consideraban del agrado de Dios, como fue el caso del Rey David,  a quien Dios llamó “Hombre tras de su propio corazón”, a pesar de David haber eliminado a Urías  para esconder de él que había engendrado un hijo con su mujer.

Sin embargo, el único pecado detestable ante Dios y por el cual les retiraba su protección era cuando por causa de la idolatría de sus  Reyes, el  pueblo adoraba ídolos, u otros dioses.     Tales Reyes aún quedaron registrados en la Biblia repetidamente con esta mala nota: “Hizo lo malo delante de Dios”.   Cuando la sangre del sacrificio dejaba de llevarse a cabo, dejaban de tener consciencia de su pureza,  y con ello quedaban expuestos a la destrucción del diablo.

“Y esto fue motivo de pecado para la casa de Jeroboam, lo que hizo que fuera borrada y destruida de sobre la superficie de la tierra 1 Reyes 13:34.

Esta fue la razón por la cual  Dios ordenaba que no se mezclaran con otras tribus, para que no participaran de sus plagas.  En aquel tiempo todas las tribus del mundo adoraban otros dioses; era cuestión de vida o muerte para el pueblo de Israel que permanecieran “puros”,   pues el no lograrlo significaría su propia aniquilación.     No se trataba de igualdad, diversidad, o de  “libertad de religión”, como en nuestros tiempos modernos,  se trataba de protección y preservación de toda la raza humana,  pues  de Israel vendría el Salvador del Mundo.

Fue por esta práctica que Dios destituyó de su tierra a todas las tribus que habitaban la tierra de Canaán, y aún por la cual muchas antiguas civilizaciones como nuestros Mayas o Aztecas fueron extinguidos,    pues la única protección del Dios verdadero solo se encontraba en su consciencia del sacrificio que El instituyó, ¡hasta el día de hoy!

No es por tu justicia ni por la rectitud de tu corazón que vas a poseer su tierra, sino que por la maldad de estas naciones el Señor tu Dios las expulsa de delante de ti, para confirmar el pacto que el Señor juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob. Deut. 9:5

Esto nos muestra la importancia de la sangre de aquel sacrificio, la cual sólo era la sombra del perfecto.   Sin embargo tales sacrificios perdieron su significado en el corazón del pueblo de Israel, pues más que un acto de contricción y agradecimiento  a Dios se convirtió en un ritual que demostró la inefectividad del Viejo Pacto.

 ¿Para qué a mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gruesos: no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.  Isaías 1:11

 El sistema antiguo bajo la ley de Moisés era sólo una sombra —un tenue anticipo de las cosas buenas por venir— no las cosas buenas en sí mismas. Bajo aquel sistema se repetían los sacrificios una y otra vez, año tras año, pero nunca pudieron limpiar por completo a quienes venían a adorar. Si los sacrificios hubieran podido limpiar por completo, entonces habrían dejado de ofrecerlos, porque los adoradores se habrían purificado una sola vez y para siempre, y habrían desaparecido los sentimientos de culpa. Pero en realidad, esos sacrificios les recordaban sus pecados año tras año. Pues no es posible que la sangre de los toros y las cabras quite los pecados.  Por eso, cuando Cristo vino al mundo, le dijo a Dios:

Tú no quisiste sacrificios de animales ni ofrendas por el pecado.  Pero me has dado un cuerpo para ofrecer. No te agradaron las ofrendas quemadas  ni otras ofrendas por el pecado.   Hebreos 10:1-7

 Por lo mismo Jesús tuvo que nacer como un hombre para ofrecernos su sangre sin pecado en la cual se encontraba una Vida Nueva para nosotros,  el  sacrificio perfecto ¡en propiciación nuestra!  Propiciación es literalmente “Trono de Misericordia”, nuestra envestidura,  nuestra protección.   Su sangre borró nuestras rebeliones una vez y para siempre ‘de nuestra consciencia’

Jesús exhibe la misericordia de Dios. Su sangre persuade a la humanidad que Dios ya ha resuelto el registro histórico de su pecado. Rom. 3:26

El Espejo de la Palabra de Francois Du Toit.

Mientras la sangre de Abel gritaba “justicia” – venganza – la sangre de Jesús gritaba: Perdón de pecados,   justicia propiciada,  redención completa, justificación, rectitud, protección, reivindicación, restauración, restitución, prosperidad,  bendición, salud,  juventud renovada,  y ¡VIDA NUEVA, VIDA ETERNA a su lado, entre muchas otras cosas.

Espero haber logrado expresar como nuestra fe en Jesús no es solo “esperanza en Jesús”,  es “¡FE – SEGURIDAD EN SU SANGRE!”.  Mucha gente tiene fe en Jesús como un gran maestro, admiran su vida y sus enseñanzas y aún intentan imitarlas.  Mas con todo y lo maravilloso y perfecto de su vida y enseñanzas,  no fueron éstas las que nos salvaron, las que nos redimieron, las que nos hicieron justicia, ¡FUE SU SANGRE!  Su Sangre fue  la que nos limpió, la que nos rescató,  la que nos salva y nos ha hecho aceptos.   Por todo lo anterior, aun cuando muchos lo comparen con otros hombres admirables,  o prefieran a otros como intercesores, ninguno pudo, ni jamás podrá darnos lo que Jesucristo nos ha dado ya.   ¡A El la honra y la gloria por siempre y para siempre!

Te dejo con este video   del Ministerio “Dios Restaura”  agradeciendo a 12fangie por su contribución

 

Shalom

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Author: Kealili

A la edad de 18 años vi morir a mi esposo de 19. Con un bebe en mi vientre y sin saber como ganarme la vida, fue la primera vez que experimente la necesidad de un Dios en quien creer. Lo busque en la religión mas no lo encontré. Lo busque en el humanismo, en la intelectualidad, mas no lo hallé. Hasta que un día conocí al Dios de la Biblia, y me di cuenta de la diferencia entre una religión basada en mis obras imperfectas y esfuerzos limitados y una relación basada en su obra consumada y perfecta y su amor inagotable. Cuando ya estaba yo cansada de buscar, Él me encontró y me mostro su amor que hasta el día de hoy sigo tratando de comprender. Aunque este proceso quizá me lleve el resto de mi vida, vivo deleitándome en ese amor y mi anhelo es que por este sitio Él te pueda encontrar a ti también. Quizá al igual que yo, no sepas que Él te esta buscando. Quizá al igual que yo aun no sepas que no lo conoces realmente. Te invito a que lo descubras..